MISTERIO.
El
cielo tiene cejas de huida
hacia
la fina aurora ke no amanece.
Todo
en paz. El vello hirsuto
se
muestra de eléctrica soledad.
Oigo
los cantos más allá
de
los bulevares donde hombres
y
mujeres se aman. Se aman
y
se anudan en un baile cósmico
de
encarecida poesía doblada
sobre
el escritorio de mis ojos.
El
cielo. Huida hacia la aurora.
Mi
sueños, mis extravíos de azul
topacio,
mis mapas y arkitecturas
ke
no son bellas si no por cuanto provocan.
Los
palacios de hace mil siglos
he
proyectado en el aire
y
he dejado ke vuele la arteria
de
las emociones, para dormir
serenamente
en esa aurora incipiente.
El
cielo mira invisible
para
ke repose el aire de las batallas,
el
perfume de la traición y el bandoneón
de
los besos. Y dejo ke naveguen
en
mi pecho las kimeras ke visten canciones.
Es
tarde ya, pero aún no amanece
y
eso nos salva, aunke de puro intenso
y
silencio y vacío y veneno etéreo
este
cielo lejano no nos alcance.
Dónde
están mis manos de carpintero
de
sueños ?
dónde
tus labios ke asentían
cuando
la magia mineral del pensamiento
construía
naves y palacetes en la tarde
para
tus brazos ke eran jardines
donde
reposar mis frutos y regalos ?
Amor,
tan fácil nombrarte como decir cielo.
Cielo,
tan difícil alcanzarte
como
eskivo es siempre el amor.

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